Skip to content

3 claves para gestionar la preocupación por los hijos

Madre hablando por teléfono preocupada

Si eres de los que tiene hijos adolescentes entenderás por qué he escrito este artículo. Aunque la preocupación por los hijos surge desde el momento que nacen, la adolescencia es un periodo de mucha inseguridad y miedos por parte de los padres. Es habitual que el adolescente se encierre en sí mismo, que se comunique menos con vosotros, que le notéis distanciado, que no sepáis mucho de su vida… y que todo esto, ¡os de miedo!. Nadie nace aprendido y hay que aprender también a gestionar la preocupación por los hijos. Vamos a ver 3 claves para gestionar la preocupación por los hijos.

El no saber muchas veces como está él, lo que le pasa, si tiene buenos amigos o no, si es muy influenciable, si bebe o fuma, como es fuera de casa, si te miente mucho, si le puede pasar algo fuera, etc. Estas preocupaciones y miedos si no se saben gestionar,  ¡te pueden poner la cabeza como una olla a presión!.

Si estás excesivamente preocupado y tenso con tu hijo lo que puede pasar es que te enfades más a menudo con él y que le pongas ciertos límites que a veces quizás puedan ser «un poco exagerados» o que no estén infundados en buscar su bien, sino en «aliviar tus miedos y preocupaciones».

No es fácil abordar todo esto y por eso he pensado en estas claves que te pueden ayudar a gestionar la preocupación por tus hijos y vivir con un poco más de calma.

Aquí van…

– 3 claves para gestionar la preocupación por los hijos –

1. Cuida tus pensamientos dramáticos.

Los pensamientos que tenemos tienen un impacto directo sobre nuestro estado fisiológico y sobre nuestras emociones. Te voy a poner un ejemplo: Piensa en un limón, que cortas un trozo y te lo metes en la boca. Piensa en cómo lo muerdes, en la piel y en el sabor cítrico que tiene. Es probable que con este simple pensamiento hayas notado que has segregado más saliva o una sensación ácida en la boca. Aquí puedes observar el impacto de tus pensamientos en ti. Si estás habitualmente pensando en todas las desgracias que le pueden ocurrir a tu hijo esto te generará malestar. Sí, siento decirte que en este mundo pueden surgir una y mil desgracias y a tu hijo también, pero, ¡no tiene porqué! No por mucho agobiarte y pensar en todos los peligros que existen vas a conseguir que desaparezcan. Céntrate en mejorar la relación con tu hijo y hacerle saber que estás ahí siempre para lo que necesite.

2. Aprende a confiar.

Sé que esta clave es subjetiva y abstracta pero aun así considero importante hacer un apunte al respecto. En general en la vida hay ciertos aspectos sobre los que sí tenemos control (lo que comemos, que objetivos me marco, las decisiones que tomamos, etc.). Pero hay muchos otros aspectos sobre los que no tenemos ningún control (los sentimientos de los demás, como me voy a sentir cuando me levanto, que una u otra persona me quiera…). En función de tu personalidad es probable que lleves mejor o peor esto de no tener todo bajo control. Con los hijos pasa lo mismo, puedes tener todos los miedos y preocupaciones que tú quieras, puedes hacer lo indecible por ellos, pero hay aspectos que se escapan a tu control y esto ¡no es malo! Aprende a confiar, a pensar que todo va a ir bien, que él sabrá gestionar sus cosas, qué acudirá a ti o a un buen amigo si lo necesita, que no todo va a ir mal. Suelta un poco la carga que llevas, respira y piensa en positivo. Tú también fuiste adolescente y al final todo salió bien.

3. Control, no excesivo.

Lógicamente el adolescente no es todavía adulto y necesita ciertos límites y control. No se trata de decir «yo confió en que va a ir todo bien y pasar». En la adolescencia surgen muchos conflictos internos y externos. Existen ciertos riesgos y esto no se puede obviar. La mitad de los padres muchas veces no tienen ni idea de las cosas que viven sus hijos adolescentes, no por culpa de ellos sino porque sus hijos son bastante herméticos con su intimidad. Es importante saber más o menos con quien anda tu hijo, saber a qué hora vuelve a casa y cómo llega, ver si en el día está más o menos contento o está triste. ¿Para qué saber todo esto? No para echarle una super bronca (a veces si es necesaria pero no por sistema) sino para saber cómo está y buscar más acercamiento con él.

Y recuerda…

Suelta un poco la carga que llevas, respira y piensa en positivo.

Si te interesa el mundo de la psicología accede a la página web del consejo general de psicología de España e informate.

Y para el mundo de la familia y la educación no te pierdas la página web de «hacer familia».

Artículos Relacionados

Categorías del blog

Etiquetas