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3 claves para educar sin sobreproteger

Niños y niñas sonrientes tumbados en el césped

Los padres y madres, casi siempre, sienten un vínculo de apego, afecto y protección a veces difícil de describir con palabras. Esto sucede de manera natural y es parte fundamental para la crianza de los hijos. Entonces, ¿qué hay de malo, se preguntarán muchos lectores, en querer a los hijos de la manera que a nosotros nos dé la gana?

No es que haya nada de malo, pero sí hay que aprender a educar y a querer a los hijos con un criterio. No todo vale, ni todos nuestros actos son beneficiosos para los niños. Todos los padres quieren aportar seguridad y comodidades a sus hijos para que sean felices. Intentan ponerles fácil el camino para evitar que sufran, para que «la vida no les duela».

¿Cuál es el problema de sobreproteger a los hijos y evitarles a toda costa el sufrimiento?

Primero, los niños cada vez tienen menos tolerancia a la frustración y se enfadan de manera rápida e impulsiva a la primera cuando no consiguen lo que quieren. Se esfuerzan menos por las cosas… ¿por qué lo van a hacer si ya saben que está ahí papá o mamá?.

También, muchas veces los padres que sobreprotegen generan ansiedad a sus hijos porque viven en un entorno de excesivo control. Además, es perjudicial ya que no se dan las herramientas para que adquieran mayores niveles de autonomía.

Por último, cuando los papás no dejan enfrentarse a sus hijos a los problemas, frustraciones y situaciones difíciles, les impiden conocer sus emociones: rabia, tristeza, impotencia…y por tanto les impiden aprender a gestionarlas.

Aquí os traigo…

– 3 claves para educar sin sobreproteger –

1.Observa, pero no intervengas a la primera.

Si no se deja al niño la oportunidad de hacer, deshacer, conocer sus reacciones y enfrentarlas… ¿Cómo va a ser luego capaz de desenvolverse en la vida? Es verdad que los niños pequeños generan tanta ternura que es difícil a veces no acudir a su auxilio. Pongamos un ejemplo: típico momento en el que el niño está jugando en el parque y se cae y la madre o padre sale disparado hacia él y le coge. Muchas veces los niños se ponen a llorar al ver la cara de susto de los padres, pero si se les deja, ellos mismos se levantan y si no se han hecho realmente daño siguen con el juego. Observa antes de acudir, déjale que se desenvuelva.

2. Déjale que haga las cosas él mismo.

Es bastante habitual, por querer facilitar o por falta de tiempo, que los padres cuando ven que el niño tarda, o que no le apetece o que lo hace mal… decir: «déjalo, ya lo hago yo». ¿Cómo va a aprender a hacer las cosas por sí mismo si no se les da la oportunidad de practicar y aprender? Os pongo un ejemplo: Los padres están haciendo la cena y dicen a sus los peques que ayuden a poner la mesa. Obviamente un niño no va a poner la mesa ni tan rápido ni tan bien como un adulto. La madre ve que tardan mucho, que están jugando y les dice «hala, dejarlo que para eso ya lo hago yo en 2 minutos». Implicarles desde pequeños facilita que participen en las tareas cuando son adolescentes. Además, para los niños todo puede enfocarse desde el juego, y las tareas pueden ser momento de disfrute familiar.

3. Normaliza los fallos y equivocaciones.

Las reacciones que tiene los adultos sobre la conducta de los niños tienen un gran impacto en ellos y más si son sus padres. Cuidado con las reacciones de susto, de enfado, de decepción… típico resoplar falto de paciencia, ante sus errores y equivocaciones. Hay que entender que el mundo de un niño no es como el de un adulto y que al igual que nosotros, pueden hacer las cosas regular, desordenadas, creativas, caóticas y a destiempo. Cuando vuestro hijo se equivoque o haga algo regular, respeta su enfado, normaliza la situación y anímale siempre a volver a intentarlo desde la calma. Muchas veces los papás por no ver a su niño sufriendo se lo hacen ellos, pero esto solo genera niños falto de tolerancia a la frustración y niños que no aprenden a gestionar sus emociones.

Y recuerda…

Si haces las cosas por él y no le dejas intentarlo, no llegará a ser el adulto que quieres que llegue a ser.

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