«Ya no sé qué hacer con ellos», «no me hacen ni caso», «les entra por un oído y les sale por otro», «no tengo ninguna autoridad sobre ellos»… son algunas de las frases dichas por los padres cuando ya no saben que más hacer.
Educar no es sencillo, cada niño es diferente y único y parece que lo que a veces funciona con uno no funciona con el otro. El por qué sucede este es un tema largo que hoy no voy a abordar, pero alguno de los motivos puede ser el temperamento del niño, el contexto familiar, la posición en el número de hijos…
Pese a todo, desde la psicología se avala que hay técnicas educativas que funcionan de manera similar en todos los niños. Son las llamadas técnicas de modificación de conducta. ¿No sabes cómo hacer que te hagan caso? ¿No te hace caso a la primera y tienes que repetirlo mil y una veces? ¿No consigues nada si no es por las malas? ¡Sigue leyendo!
Aquí os traigo…
3 claves para que tus hijos te hagan caso
1. Ser modelo.
Son muchos los estudios que avalan la existencia del aprendizaje vicario o por observación. Los niños, de entre muchas otras maneras, aprenden observando la conducta de sus padres. Es importante tenerlo en cuenta a la hora de actuar frente a ellos. Si quieres que tu hijo pequeño aprenda a ser ordenado y se lo repites mil y una veces, pero tú eres super desordenado, el mensaje es bastante contradictorio ¿no? Cuida que tus palabras y tus actos vayan en la misma línea.
2. Dar ordenes claras y no muchas veces.
Si quieres que haga algo, asegúrate que entiende tus órdenes. Alguno de los errores más frecuentes son: Dar por sentado que ya sabe lo que tiene que hacer, pensar que te ha escuchado pero no lo ha hecho, no explicar bien lo que quieres que haga y lo que pasará si no lo hace, etc. Es muy importante asegurarte de que te está escuchando, explicarle lo que quieres que haga, y lo que pasará si no lo hace. Por ejemplo: Quiero que antes de comer recojáis todos los juguetes, si no los recogéis hoy no iremos al parque por la tarde. Mensajes claros, cortos y precisos. Un ejemplo de cómo no debe ser: Recoged ahora mismo los juguetes o si no ya veréis la que os va a caer. Mensaje difuso, no se sabe cuál es la consecuencia que vendrá después.
3. Consecuencias por la mala conducta.
¡Esta es la guinda del pastel! ¿Por qué llega un momento en que los niños no hacen caso de lo que dicen sus padres? Porque su palabra ha perdido credibilidad, los niños saben que lo dicen pero que luego no lo hacen, o que si lloran un poco los padres acaban aflojando. Muy importante, sobre todo con los peques, si dices que si no hace tal cosa eso tendrá una consecuencia… ¡hay que cumplirlo! «Castigado sin videoconsola todo el mes” y a la semana ya está jugando. «Mañana no vas al parque» luego se porta bien y al día siguiente va al parque. Hay que ser coherente con lo que se dice y por eso hay que tener cuidado con ello. Las consecuencias por la mala conducta deben estar bien explicadas antes y deben ser realistas. Y sí o sí cumplirlas. Y ojo con el tono, debe ser tranquilo. No es el grito lo que hace te hagan caso sino cumplir con lo que dijiste que harías.
Y recuerda…
Cuida que tus palabras y tus actos vayan en la misma línea
